Salón de Astronomía

ÍNDICE

Eclipse total de Sol (2/7/2019)

El Salón de Astronomía

Nuestro cometa de Halley

distancias en el Sistema solar, con un ejemplo

Agujero negro

Luna Creciente

Conjunción de Júpiter y Saturno

eclipse del 12 de diciembre de 2020

 

Luna Creciente del 21 de diciembre de 2020

Con telescopio y celular Nokia Lumia viejo, por proyección de ocular- 26/12/2020

Eclipse parcial de Sol, 14 de diciembre de 2020. Se vio total en el Sur de Argentina y Chile. Imagen tomada con cámara y filtro, desde Pan de Azúcar.

Júpiter y Saturno, la noche del 21 de diciembre de 2020. Conjunción histórica. Imagen obtenida con telescopio en cámara acoplada, mejorada en edición.

Saturno con telescopio y celular Nokia Lumia viejo, por proyección de ocular. 26/12/2020

cuando se produce un eclipse de Sol en la Tierra, desde el espacio se ve la sombra de la Luna pasanso sobre una parte del planeta. En el gráfico, se muestra la zona de totalidad del eclipse del 12 de diciembre de 2020

El eclipse total de Sol del 2 de julio de 2019

Eclipse total de sol del 2 de julio de 2019

Desde mis primeros años de docencia (comencé en 1979) conté a los estudiantes, que ningún espectáculo natural puede ser comparable con un eclipse total de Sol. La “noche” a pleno día, cuando la Luna se coloca justo delante del disco del Sol, es mucho más que la imagen que pueda apreciarse en el cielo: es el entorno que cambia y reacciona ante las sorpresivas condiciones de luz.

Traté de hacérselo vivir a través de la lectura de Platero y Yo (“El Eclipse”) y de las imágenes que les mostraba.

Convencido de la necesidad de presenciar yo mismo ese espectáculo para mi propio gozo, pero para trasmitirlo a mis alumnos con la experiencia propia, lo intenté un par de veces. La primera, fue en 1991, en un eclipse total de Sol que se vería sólo desde una línea que pasaba por el Océano Atlántico, Rocha, Maldonado, Canelones y Montevideo en Uruguay. Un grupo de estudiantes de tres liceos y yo nos enfocamos en el acontecimiento, desde el cerro Urquiza de San Carlos. Durante la totalidad se nubló, y pude tomar fotos del eclipse parcial. Me alcanzó para notar la claridad del día, la breve oscuridad, y el regreso a la luz. El alumbrado público de San Carlos se apagó al salir el Sol, casi totalmente eclipsado, se encendió durante los minutos de totalidad, y se apagó otra vez.

En 1994 planeamos con el 4° 3 de Pan de Azúcar viajar a Foz de Iguazú a ver otro eclipse total de Sol, pero no obtuvimos el dinero necesario y terminamos en una colina frente a Laguna Negra, y por el otro lado, frente a la entrada al Parque Santa Teresa, para una excelente observación del eclipse parcial.

Por eso, ESTA era la oportunidad. Bastaría viajar a Chile o a San Juan en Argentina, y me decidí por esta última opción. Meses antes compré el paquete con traslados de avión, combi y auto para poder completar en el mínimo tiempo, el sueño de tantos años.

Laguna del Sauce, Aeroparque, San Juan… Llegué de noche el 1° de Julio de 2019. Al otro día, temprano, una combi me llevó junto a una excursión de estadounidenses, a Bella Vista, a 140 km de San Juan hacia la Cordillera de los Andes, por una sinuosa ruta por medio del desierto, y las montañas. Las sierras, la pre cordillera, y la Cordillera de los Andes, fueron un regalo inesperado. En broma, comenté al guía que pediría a mi agente de viajes que me cobrara un poco más, porque la experiencia estaba siendo mucho mayor a las expectativas.

La amabilidad del guía, que respondió todas mis preguntas sobre la geografía, flora y fauna del árido paisaje, y de cada montaña, me permitió acompañar el asombro, con datos muy valiosos

La posta Kamac, en Bella Vista, a casi dos mil metros sobre el nivel del mar, me recibió en una exageradamente soleada jornada, para instalarme con mis lentes.

Ochocientas personas de 15 nacionalidades estaban allí, como yo, expectantes.

La hora llegó, y la Luna comenzó a “morder” la silueta del Sol, para devorar su figura, progresivamente, hasta el milagroso momento: el anillo de diamantes, fantástico, precedió a la abrupta oscuridad que arrancó gritos y aplausos entre la multitud. Las llamas quedaron silenciosas, como buscando en el horizonte explicaciones a la noche prematura, y los disparadores de las cámaras se escuchaban en el profundo silencio…

Dos minutos y treinta y un segundos después, mágicamente se hizo la luz, y un nuevo anillo de diamantes se dibujó arriba de la cordillera, para que cambiaran los colores de las cumbres nevadas.

Por más que yo lo describiera durante años con palabras, la emoción fue enorme, millones de veces más fuerte y contundente de lo que imaginé. Breve, pero maravilloso, capaz de meterse en el alma como una de las experiencias más fuertes, la más potente sin dudas, de todas mis observaciones astronómicas.

Me quedé corto con mis relatos a mis alumnos. En el futuro, trataré de describirlo con la verdadera dimensión de su impacto, capaz de reducir a las personas y al mundo a la pequeñez más insignificante, a la admiración más pura hacia un fenómeno natural… Cuya magnitud, necesitaba captar.

EL SALÓN DE ASTRONOMÍA

diferentes instancias en el Salón de Astronomía

Júpiter fotografiado en clase de Astronomía. La imagen en directo era mucho más bonita y precisa

Comencé mi trabajo en el Liceo de Pan de Azúcar, por entonces en calle Ituzaingó entre Rivera y Félix de Lizarza. Viejos salones de pisos de madera y un patio de piedra despareja al fondo, que llevaba a los últimos salones. En ese local también ingresé como estudiante.

El Liceo no tenía telescopio, ni horario para concurrir de noche con los educandos para hacer observaciones. Tampoco había un espacio adecuado para esa actividad. Pero cuando se inauguró el nuevo local, la zona estaba bastante oscura y brindaba mejores posibilidades para la Astronomía. En 1985, con el pretexto de observar el “Cometa de Halley” se integró un equipo de entusiastas estudiantes en el llamado “Grupo Halley”. Era extracurricular, por lo que ni los alumnos obtenían beneficios en la nota ni yo retribución alguna por integrarlo, pero fue una experiencia fantástica y memorable.

Durante el año realizamos actividades académicas, que ya relaté en el capítulo del cometa de Halley, pero, además, reunimos el dinero para comprar el primer telescopio de la historia del Liceo de Pan de Azúcar.

En aquel 1985 buscamos sin éxito en Montevideo. Sólo encontrábamos instrumentos casi para niños, de escasa potencia y calidad. Recurrimos a un amigo que viajaba semanalmente a Buenos Aires, y nos averiguó la dirección de un comercio que los vendía, y un precio aproximado. No recuerdo la cifra exacta, pero la que teníamos no alcanzaba, y la comisión de APAL (Asociación de Padres de Alumnos del Liceo) colaboró con lo que faltaba. Me correspondió viajar a la capital argentina en el “Bus de la Carrera”. Fui directo al comercio que llevaba anotado y compré el reflector newtoniano blanco, que, al jubilarme, a fines de 2019, estaba aún funcionando correctamente, inventariado, y en exhibición en el salón de astronomía. Luego desde la casa de óptica en el metro hasta la estación de Chacarita, y desde allí en tren a Concordia. ¿Por qué tan lejos? A través de amigos conseguí contacto con una autoridad de Salto que me iba a permitir el ingreso, teniendo en cuenta que se trataba de material didáctico para un liceo (lo que justifiqué mediante una carta del centro educativo). No fue fácil lograr que me autorizaran a salir de Concordia y cruzar el Río Uruguay en lancha con el telescopio en su prolija pero bastante voluminosa caja.

Después de tres travesías de orilla a orilla, logré triunfante, caminar por las calles de Salto con el flamante instrumento.

Viaje en ONDA desde Salto a Plaza Cagancha, en Montevideo, y desde allí a Pan de Azúcar.

 

Con el modesto telescopio organizamos observaciones del Cometa de Halley en principio, pero en los años siguientes de la Luna, planetas, estrellas dobles, nebulosas, cúmulos estelares, eclipses lunares, Sol (venía equipado con filtro de fábrica), y más objetos celestes.

Tentado por dar clases en más grupos, y por manejar el fantástico telescopio del Liceo 1 de San Carlos, tomé horas en aquel centro educativo.

El instrumento tenía más edad que yo, pero muy buena óptica.

Allí estuve 25 años. Miles de estudiantes, maestros con sus niños, padres de alumnos, fueron recibidos durante ese tiempo.

Al dejar San Carlos, conté con un moderno telescopio en Pan de Azúcar.

Pocos años antes, asumió en mi ciudad, una directora que había sido compañera de trabajo en el Liceo 1 de San Carlos.

Desde el primer día insistí en la conveniencia de comprar un telescopio importante. Tal fue mi perseverancia, que cuando llegó dinero para compra de material didáctico, lo primero fue el telescopio. El aparato, marca Meade, fue importado para el liceo por una empresa específica, y constituyó una alegría para la comunidad educativa.

Nunca conseguimos autorización de “Arquitectura” de Secundaria, para instalarlo con cúpula en el techo… Pero lo usamos sacándolo al patio desde el Salón de Astronomía.

En el Salón de Astronomía dábamos clases a todos los grupos de 4° Año, hacíamos charlas para otros grupos, recibíamos a niños de escuela, armamos exposiciones de maquetas creadas por los estudiantes, y muchas cosas más.

Al día siguiente de mi jubilación, el telescopio fue derivado a sala de física y el salón se vació para darle otro uso.

MUCHAS FOTOS MÁS

imágenes tomadas en clase de Astronomía

El Cometa de Halley

Transcurría el año 1985. En Televisión, radios, diarios, escuelas, esquinas, se hablaba del “Cometa de Halley” como el acontecimiento científico del próximo año. Científico e histórico. Y allí estábamos, un grupo de alumnos y yo, ilusionados con la posibilidad de observar aquel astro histórico que regresaba, después de 76 años en la distancia oscura y fría.

No hacía falta analizar si valía o no la pena, existían varias razones para abocarnos al estudio previo, y a la seguramente gratificante observación. Nuestro centro de operaciones sería el Liceo Álvaro Figueredo de Pan de Azúcar, aunque no nos limitaríamos a sus aulas.

Necesitábamos un telescopio. Más allá de la utilidad específica, el Liceo jamás había tenido uno, y la ocasión era más que propicia. La sola mención del proyecto cuyo centro era la observación del Cometa, atraía multitudes. Las primeras reuniones contaron con cerca de cien participantes. Poco dispuestos al trabajo, muchos abandonaron en los días y meses siguientes. El grupo perdió en número, pero ganó en unión, compenetración y compromiso con la tarea. Sin buscar, en ningún momento, profundos conocimientos, tuvimos que reunir información. Algunos jóvenes concurrieron a la biblioteca nacional para obtener diarios de 1910, anterior “paso” del cometa. Todos recolectamos informaciones escritas. Organizamos bailes y rifas para reunir el dinero para adquirir el telescopio, y recorrimos el departamento de Maldonado ofreciendo charlas ilustradas sobre el acontecimiento.

El «Grupo Halley» con algunos de sus más fervorosos integrantes. En esta observación de la imagen, en ruta 60, nos acompañó el Prof. Robert Gianola.

Finalmente, tras usar en préstamo un instrumento por unos días, tuvimos el nuestro. Con él iniciamos la búsqueda del aún escondido astro, hasta que, en noviembre del 85, siguiendo una carta estelar con la posición aproximada, el cometa entró a nuestros ojos como una indescriptiblemente hermosa nubecilla gris.

Era la noche, apenas corrido el telón azul del cielo… Comenzaba el espectáculo protagonizado por un actor milenario, imperceptible, casi; que venía caminando de lejos su ruta larga empedrada de siglos. Allí estaba, el mismísimo objeto que en 1758 regresaba para confirmar el anuncio de Sir Edmund Halley.

El mismo cometa asociado a muertes de reyes, destrucción de ciudades, batallas perdidas. En 1910, temerosos creyentes de los nefastos agoreros se suicidaron por no sufrir la “masacre colectiva” que provocaría el choque del cometa con la Tierra.

Era 1985, noviembre. Desde allí lo mirábamos cada noche, exceptuando lunas llenas y nublados, medíamos su movimiento respecto a las estrellas, constatábamos su acercamiento en el brillo y el crecimiento de su cola. Ya en marzo de 1986, sobre las 3 de la mañana, el cometa de Halley se vio al Oriente con su velo de gases hacia arriba, y lo disfrutamos. Pero mejor sería en Abril.

Llegó el cuarto mes del año, continuaban los preparativos, y arribada la fecha, el ansiado astro se había convertido en una difusa manchita ¡Sin cola!

La decepción fue grande, pero dejó muchas enseñanzas a su paso: conocimientos astronómicos, formación de grupos humanos, trabajo colectivo… y reforzó la capacidad de maravillarnos con la belleza estética del universo.

Ejemplo de distancias en el Sistema Solar

Un avión de pasajeros vuela a aproximadamente 1000 km/h.  Podríamos viajar en línea recta de Uruguay a España en menos de 10 horas. Para recorrer la distancia Tierra – Sol necesitaría 150.000 horas, es decir, 17 años y 41 días

Duración del viaje

Sol – Mercurio: más de 7 años.

Sol – Venus: más de 12 años.

Sol – Tierra: 17 años y 41 días.

Sol – Marte: 25,6 años

Sol – Júpiter: 88,5 años

Sol – Saturno: 162,5 años

Sol – Urano: 328 años

Sol – Neptuno: 513 años

Sol – Plutón: 672 años

En dar una vuelta a cada planeta, tardaría:

Mercurio – 15 horas

Venus – 38 horas

Tierra – 40 horas (1 día y 16 horas)

Marte – 21 horas

Júpiter – 448 horas (casi 19 días)

Saturno – 342 horas (más de 14 días)

Urano – 160 horas (6 días y 16 horas)

Neptuno – 155 horas (6 días y medio)

vuelta al Sol:182 días.

AGUJERO NEGRO (del libro "La Cruz del Sur")

El 10 de abril de 2019 se obtuvo una imagen que permite mirar al abismo de un “Agujero Negro supermasivo”. No es una fotografía, y lo que se ve es el contorno del “disco de acreción” del agujero negro. Marca que, en su interior, está el objeto al que nos referimos.

La imagen, obtenida a partir de ondas de radio captadas por 8 radiotelescopios de diversos puntos del mundo, es la mayor aproximación conseguida al aspecto que podría presentar el entorno de un objeto astronómico de ese tipo. Para obtenerla, colaboraron más de 200 investigadores, repartidos en ocho observatorios espaciales de todo el planeta.

Mucho se habla de agujeros negros, pero en realidad se sabe muy poco de ellos.

Entre los datos concretos que sí se tienen sobre los agujeros negros, están:

-Es la mayor densidad de masa de la que se tiene noticia en el universo, más allá de lo imaginable, y no hay una explicación clara sobre cómo se logra comprimir materia a tal extremo. Es, por lo tanto, el objeto de menor tamaño y mayor masa de todos los descriptos.

-Todos los agujeros negros provienen del colapso gravitacional de una o varias estrellas. El “colapso gravitacional” es un fenómeno en el cual el objeto se derrumba dentro de sí mismo, aumentando las dudas sobre la más elemental composición de las partículas subatómicas.

-Teniendo en cuenta que la gravedad en la superficie de una esfera, crece en proporción al cuadrado de la reducción del radio (si el diámetro se reduce mil veces, la gravedad aumenta un millón de veces) el agujero negro alcanza una fuerza gravitatoria suficiente como para impedir que la luz sea emitida. Un cuerpo pequeño y sin emisión de luz, es absolutamente invisible. (puede ser “detectado” por su comportamiento, pero no visto).

-Los agujeros negros pueden tragar estrellas enteras, en números inimaginables. La masa de esas estrellas pasa a formar parte del agujero negro.

-El núcleo y centro de masa de un agujero negro, se conoce como “singularidad”. El espacio circundante cerca de la “singularidad” es el “horizonte de eventos”. Se llama “horizonte de eventos” porque un objeto que pase ese límite, ya no podrá salir.

– Los “discos de acreción” están formados por gas sobrecalentado y polvo espacial, y la velocidad de su movimiento aumenta cuanto más se acercan al horizonte de eventos.

– El agujero negro más notable en la Vía Láctea está en la constelación de Sagitario, exactamente en el medio de la espiral de estrellas de la que básicamente, está formada nuestra galaxia.

– Los agujeros negros se distinguen por su tamaño. Los “estelares” son los que tienen masas comparables a la del Sol y radios de decenas o cientos de kilómetros. Aquellos cuyas masas son millones o hasta miles de millones de veces la masa del Sol, son los “agujeros negros supermasivos” de los núcleos de las galaxias. También es posible que existan agujeros negros intermedios, de centenares de miles de masas solares, y agujeros negros primordiales, formados al comienzo del Universo, con masas que podrían ser muy pequeñas.

La teoría de la relatividad general propuesta por Albert Einstein en 1915, predice la formación de los agujeros negros, pero fue Stephen Hawking quien realizó algunos de los mayores aportes sobre ellos.

Se especulaba con que nada podría escapar de un agujero negro, pero la radiación sí puede hacerlo.

Una de las contribuciones de Stephen Hawking fue la teoría de que un agujero negro no es tan denso en el sentido de la mecánica cuántica. La lenta filtración de lo que ahora se conoce como la radiación de Hawking, con el tiempo, podría hacer que el agujero negro simplemente se evapore.

por salir de viaje

2 respuestas a «Salón de Astronomía»

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